PSICOMOTRICIDAD

L@s niñ@s de las aulas de 4 y 5 años de Educación Infantil inician en la actividad física a través de la Psicomotricidad, desde el enfoque de Bernard Aucouturier, donde la interacción que se establece entre el conocimiento, la emoción, el movimiento dan una mayor validez para el desarrollo de la persona.

PRESENTACIÓN DE LA ACTIVIDAD

PRÁCTICA PSICOMOTRIZ AUCOUTURIER (bzg).pptx

FASES DE LA SESIÓN DE PSICOMOTRICIDAD

1- Ritual de Entrada

En esta fase el psicomotricista acoge a l@s niñ@s, que se sientan, visualizando la sala y si es posible ante un espejo donde se puedan ver todos juntos. Se recuerdan las normas que han de respetar: básicamente no hacerse daño y no hacer daño a los demás, así como respetar los materiales. Se recuerda la sesión anterior (lo que nos gustó, la evolución de las competencias que se observó, así como lo que no nos gustó, puesto que se trata de cosas que limitan la evolución del grupo), y se anticipa lo que ocurrirá la sesión actual. Lo ideal es que en este proceso sean l@s niñ@s quienes intervengan, con el psicomotricisa en el papel de guía.

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2- Fase de Expresividad Motriz

El ritual de entrada da paso a la fase de expresividad motriz, en la que l@s niñ@s se preparan para derribar un muro o castillo construido por el adulto mediante todas las piezas geométricas de gomaespuma presentes en la sala. Es un momento de gran emoción e impaciencia (es emocionante hasta verlo), y el psicomotricista debe saber posponer la destrucción para liberar su intensidad en el momento justo. Parece un buen momento para trabajar la atención y la inhibición de los impulsos. El psicomotricista ofrece también cierta resistencia con el objetivo de que los niños se sientan vencedores sobre el adulto, con una especie de omnipotencia sobre el mismo. Así, a un lado del muro los niños abandonan todo aquello que los adultos les imponen: exigencias, normas, tareas…, y al otro lado encuentran un espacio ideado con el objetivo de que puedan expresarse con espontaneidad, sin todo aquello que suele asociarse a la actividad escolar y que tan poco propio de ellos mismos es; así que derribar el muro significa romper con las exigencias que imponemos los adultos y empezar a ser ellos mismos, empezar a buscar su propio “yo”, porque “ejercer su fuerza contra un adulto, es mostrar su deseo de alejarle para comprobar su capacidad de dominio y afirmar su propia identidad”.

3- Fase del Cuento

Cuando se ha vivido plenamente el descontrol y la emoción del primer tiempo, es hora de subir un nivel más en esa simbolización, un nivel en el que ésta se distancia del movimiento, pasando del placer de jugar al placer de pensar y favoreciendo de esta manera la representación mental. La fase del cuento o historia se desarrolla en el mismo espacio que la anterior, y en el que el psicomotricista cuenta un cuento. Esta historia debería estar relacionada directamente con las emociones de l@s niñ@s y sus miedos, y además ser contada en presente para favorecer la identificación con el protagonista. Aucouturier recomienda, además, que se utilicen dos registros distintos al contar la historia: uno de subida hacia la angustia para añadir valor dramático, y otro de vuelta a la seguridad emocional para el final, siempre con variaciones en el tono de voz, gesticulaciones, silencios tensos… Todo esto favorece que en el infante se dé un proceso de descentración que facilitará la evolución cognitiva. Aquí, Aucouturier diferencia a los iniciados en este proceso de los no iniciados mediante la observación de su expresividad motriz, puesto que aquellos en los que la sesión está despertando la descentración cognitiva, muestran una atención sostenida y manifiestan sus emociones sin excesos, frente a aquéllos que imitan al protagonista, gesticulan, interrumpen e incluso gritan, porque todavía no han llegado a ese nivel. Gracias a esta fase se produce una reaseguración profunda por medio del lenguaje en lugar de por el movimiento como en aquel primer tiempo. En realidad, este proceso es paralelo a la maduración global, puesto que en general, el acceso al lenguaje trae como consecuencia una disminución en la actividad motriz de los niños.

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4- Fase de la Expresividad Plástica y Gráfica

Después de la historia, se invita a l@s niñ@s a pasar al segundo espacio para la fase de la expresividad plástica y gráfica. Este segundo espacio debe estar bien delimitado dentro de la misma sala, pero no puede utilizarse para las actividades previas, para que l@s niñ@s tengan la oportunidad de distanciarse de las emociones vividas durante la sesión mediante la realización de un dibujo o una construcción (a elegir) sobre las mismas o sobre su historia personal. El objetivo de esta fase, al contrario de lo que puede parecer, no es el dibujo o la construcción en sí, ni la interpretación que el psicomotricista pueda darles. Muy al contrario, lo importante son las historias que los acompañan y el lenguaje que l@s propi@s niñ@s utilizan para elaborarlas. El psicomotricista debe simplemente ayudar a cada infante a que hable sobre su creación para que pueda darse el proceso de descentración. Un “¿Me puedes contar la historia de tu dibujo?” puede ser suficiente para que se atreva a verbalizar lo que pasa por su cabeza en el momento de dibujar, encontrándole un sentido a sus propias producciones. Esta etapa exige un nivel todavía mayor de simbolización, puesto que la expresión se ha liberado primero por vía corporal, luego por el lenguaje de los otros, hasta llegar a hacerlo mediante el lenguaje propio. Sin embargo, el mismo Aucouturier advierte sobre la importancia de respetar el ritmo de cada niñ@, ya que si se presiona en demasía esta simbolización, probablemente se obtengan creaciones estereotipadas, muy contrapuestas a la descentración que deseamos. Además sentencia que “una sesión de Práctica Psicomotriz Educativa sin este segundo tiempo de expresividad resultaría una sesión amputada, ya que no respondería ni a sus objetivos, ni al itinerario de maduración psicológica que facilita el desarrollo y crecimiento de cada niñ@”.

5- Ritual de Salida

Esta última fase será variable en función de la edad de l@s niñ@s, y Aucouturier aconseja que después de los 3 años se reconozca individualmente a cada niño llamándole por su nombre y dándole un apretón de manos antes de salir de la sala, puesto que según él l@s niñ@s le dan mucha importancia a este gesto social de adultos. Por último, los mismos infantes deberían ser quienes recogieran la sala, dejando todo el material de la misma manera que lo habían encontrado al entrar, puesto que esta acción sería, de nuevo, una ayuda para la descentración; aunque también reconoce que en algunos casos puede convertirse en una excusa para reiniciar el juego…

PSICOMOTRICIDAD 21-22

Jugador@s: Lara, Leia, Izadi, Enara, Ibai, Maitane, Gexan, Laia L., Mikel J., Lier, Aroa, Alain, Ibai, Haizea, Unai, Aritz, Ekain, Unax, Ian, Enaitz, Oihan, Paule, Marko, Oier, Amets, Oihan, Aratz, Martin, Álex, Ganeko, Leire, Sara, Daniel, Sofía, Maren, Oihan, Laia D., Peio, Ana, Mikel R., Izei y Luka.

Entrenador@s: Ruben y Teresa.